rosa@rosamartinez.com
 
<<HOME CURRICULUM VITAE EXPOSICIONES TEXTOS ENTREVISTAS
 
Exposiciones
INDIVIDUALES
 
  JANA STERBAK

"I WANT YOU TO FEEL THE WAY I DO" INTENSITAT
Curadora: Rosa Martínez.
Sala Montcada. Fundación La Caixa. Barcelona. 27 de abril al 23 de mayo, 1993
   

Vestida para la intensidad
Quiero que sientas lo mismo que yo: un alambre de púas rodea mi cabeza y mi piel araña mi carne desde dentro. ¿ Cómo puedes estar cómodo a menos de un palmo a mi izquierda ? No quiero oir mis pensamientos, ni sentir cómo me muevo. Y no es que quiera ser insensible, quiero desligarme bajo tu piel: escucharé lo que tú oigas, me alimentaré de tus pensamientos, me vestiré con tu ropa.
Me he apoderado de tu actitud y has perdido tu comodidad. Haciéndolas tuyas me has librado de mis opiniones, de mis costumbres, de mis impulsos. Debería sentirme agradecida y, sin embargo... empiezas a irritarme: no quiero vivir conmigo misma dentro de tu cuerpo, y preferiría intentar una existencia nueva en alguien distinto.

Cuando vi por primera vez El vestido "I want you to feel the way I do" (Quiero que sientas lo mismo que yo), una flecha me atravesó visceral e intelectualmente. Hay en él -como en muchas otras obras de Sterbak- una intensa percepción del presente, una contundente plasmación de la forma en que vivimos las pasiones que agitan, devoran, constituyen y atormentan nuestra "materia". La gradual incandescencia que lo recorre aparece como metáfora de las intensidades del amor, de la dialéctica deseo-rechazo, de su encenderse y apagarse. La estructura metálica que lo conforma alude a las prisiones invisibles en que nos encierran las emociones. Los brazos abiertos parecen tender hacia el otro, aunque en ellos se perciben también la ambigüedad y la fatalidad des tructiva del abrazo.

El texto que acompaña al vestido eléctrico habla de transferencias y de tránsitos de identidad. Amar es salir de sí para ir hacia el otro, pero en ese viaje del deseo se esconde una "monstruosa contradicción" (Hegel), pues en el amor sacrifico al otro para poder ser yo mismo, a la vez que el otro me sacrifica, me convierte en objeto, me posee e intenta imponerme su ley.

Jana Sterbak sabe que hay varios rostros del Otro: el Otro especular, aquel en quien me reflejo, a quien amo y odio, en quien me desdoblo y con quien me intercambio, en
quien deseo perderme para encontrarme, aquel que me transita y con quien puedo deslizarme por los tortuosos caminos de la pasión, cuyos placeres preludian también la insatisfacción, el dolor y la muerte. Y el Otro que juzga, que sanciona mis juegos de espejos, aquel a quien Lacan llama el Gran Otro, pues es el guardián de la ley y de lo
simbólico.

Fatalmente siempre es nuestro cuerpo el campo donde batallan el deseo y la ley, el lugar donde oscilamos entre la tendencia a dejarnos llevar por las pulsiones y las pasiones que nos hacen ir hacia lo otro, y la tendencia a ser sujetos, a sujetarnos y adaptamos a las normas que configuran el yo.

En las obras de Jana Sterbak se oyen los ecos de esas batallas, pero los contendientes no son el alma y el cuerpo; la antítesis entre subjetividad psíquica y objetividad fisiológica ha dejado de ser operativa y una nueva síntesis psicosomática ocupa su lugar y se desplaza al vestido como metáfora de "la interioridad que fluye hacia el exterior" (Gurméndez). En Jana Sterbak, el vestido deviene desnudamiento que hace visibles las fuerzas ocultas del yo, todo lo que es espiritual, emotivo y pasional.

KIossowski, en "Las Leyes de la hospitalidad", habla de la transitividad del cuerpo, de cómo la esencia del erotismo es ser hospitalario, ser capaz de vestir o habitar otros cuerpos como si fueran el propio. Jana Sterbak acentúa en su trabajo esa dimensión del vestido como cuerpo; el tránsito entre el cuerpo y aquello que lo cubre es una transubstanciación. Por ello, una obra como "Hairshirt" (Camiseta de pelo) se convierte en significante angustioso de las finalidades del deseo, y Jacket (Chaqueta) condensa su antítesis: la imposibilidad de salir de sí.

Los vestidos de Jana Sterbak son "cuerpos sin órganos" (Deleuze-Guattari), son "campos de inmanencia del deseo", están vivos, pero sólo las intensidades circulan por ellos; sólo las convulsiones del amor, del miedo a la muerte, de la frustración; sólo las llamaradas de la belleza, de la inspiración, del dolor y la desesperación...

"Vanitas. Vestido de carne para una albina anoréxica" alude a la intensidad de las temporalidades del ser humano, cuyo horizonte primero y final es la muerte. La explicitación de este carácter efímero, relativo al agotamiento y al desgaste, se conjuga con una mordaz crítica a las formas que el cuerpo se ve obligado a adoptar en una cultura cuya ansiedad es convertirlo en el paradigma de la eterna juventud.

Vanitas destruye el tabú que nos prohibe vernos y que nos vean como lo que realmente somos: carne animal. Y al revelar la inercia de esa carne, que se pudrirá y se descompondrá, conjunta lo repugnante y lo siniestro de la pavorosa sentencia de muerte que pesa sobre nosotros. Esa puesta en escena es sin duda liberadora, pero es también obscena- en tanto que transgrede la prohibición de visualizar ciertos contenidos-, irracional e impúdica -en tanto que desmiente el proceso de civilización y nos retrotrae a nuestra animalidad constitutiva.

Sterbak establece inquietantes conexiones entre lo representable y lo irrepresentable, a la vez que cuestiona la evidencia de algunas nociones relativas al cuerpo, con el deseo de replantear la forma en que habitamos nuestras identidades y con la voluntad de ampliar las posibilidades de experiencia que permitan al sujeto construirse a través de los otros, sabiendo que el encuentro es más importante que la identidad de la persona reencontrada.

En sus investigaciones estéticas, Jana Sterbak elude la idea de estilo, se proyecta en la heterogeneidad de múltiples materiales y se desplaza por diversos procesos y fórmulas creativas, dando siempre preeminencia a la idea sobre la forma e intentando descubrir y potenciar las correspondencias secretas que existen entre las materias y sus connotaciones espirituales. Así, crea nuevos lenguajes que se inscriben en los inicios de una nueva historia de la subjetividad en la que la mujer proclama el poder revolucionario de sus visiones y de sus energías, contribuye a renovar el sentido de su condición -como persona y como artista- y puede situarse en el contexto más amplio de reflexión sobre la condición humana.

En la pieza Corona Laurea (Noli me tangere) se asocian la inspiración y la locura como formas extremas de la energía de la mente, y se ironiza sobre la inquietante ambivalencia de los poderes del creador. Pero es en la performance titulada Artistas combustible donde se plasma la más fascinante interpretación del arrebato que sacude y hace arder al artista. En esta actuación, Jana Sterbak, de pie, desnuda en una habitación oscura, con un pequeño cuenco de pólvora sobre su cabeza, hace surgir de sí una intensa lengua de fuego que dura sólo algunos segundos y alude al carácter transitorio pero convulsivo de la inspiración que ilumina las visiones poéticas.

En tanto que posibilita la emergencia de los fluidos más oscuros que dan vida y sentido a la materia humana, su vigoroso, inquietante y subversivo arte tiene algo de "demoníaco", algo maldito, que se complace en destruir para crear, algo diabólico que hace aflorar las intensidades más recónditas y roza las fronteras de la locura, algo incomunicable e irrepresentable, a pesar de que comunica y se representa, algo que se sitúa más allá del Bien y del Mal.

Rosa Martínez.